El Manso - Boutique Hostal - Centro Cultural - Malecón 1406 y Aguirre - Guayaquil (Ecuador)

¿Qué es la Agroecología?

Es un concepto del que se habló por primera vez en los años 80 pero que tiene raíces en la filosofía perenne de todos los pueblos de la antiguedad. La agroecología sustituye es uso de químicos con un entendimiento profundo de los ciclos de la naturaleza. Apartado de fórmulas de resultados rápidos e indicadores de productividad, la agroecología pone su énfasis en la salud del suelo, de los agricultores y de los consumidores.
Pero la agroecología es más que conocimiento ancestral, pues incorpora a su contingente de técnicas, métodos biológicos de vanguardia.
De hecho, hay suficientes estudios que demuestran que, aun usando medidores de eficiencia de una economía de mercado, el uso de métodos naturales es más productivo. La razón es que la agroindustria convencional usa tecnologías imperfectas, porque no considera la sustentabilidad de su modelo. Los químicos matan el suelo luego de décadas de uso; hoy la ciencia sabe eso.
La salud de los agricultores también sufre gravemente con el uso de químicos, pero hasta cierto punto es respetable su contraréplica de que si se usan con las debidas medidas de precaución recomendadas por el fabricante, la exposición a químicos tóxicos no necesariamente es dañina.

Es increíble pero el mundo moderno, tan obsesionado como está con que todo conocimiento esté “probado”, es decir, avalado por investigaciones científicas, acepta las pruebas que esgrime la agroindustria para insistir en que los alimentos elaborados con químicos no son tóxicos. Esa idea es basada en estudios tendenciosos, que únicamente prevalecen porque es un secreto a voces entre los medios comerciales que no se habla de temas que irritan en demasía a los clientes. Y los mejor clientes son, en todo el mundo ayer hoy y siempre, la industria alimenticia.
En pocas áreas del conocimiento hubiera podido prevalecer una mentira tan flagrante como que no son tóxicos los alimentos cultivados con agroquímicos.

Las pruebas

Por el contrario, hay suficientes estudios que prueban que el consumo constante de alimentos con contenido – aunque mínimo – de residuos agroquímicos produce de manera acumulativa secuelas en el organismo. La mayoría de médicos naturistas atribuye a los agroquímicos y su progresivo apoderamiento del agro la epidemia de cáncer, alergias y afecciones al sistema inmunológico que existe a nivel mundial, principalmente en EUA. En EUA, hace 100 años la probabilidad de contraer cáncer era 1 en 8000. Hoy es 1 en 5.
Los agrónomos y los médicos son cómplices incautos de esta gran mentira. La mentira se ha apoderado de medios académicos con el poder económico capaz de financiar estudios tendenciosos y teorías que minimizan el efecto de los químicos en la alimentación.
Hoy en día, afortunadamente, seguir minimizando este hecho está pasando a ser una conducta reaccionaria, así como es descabellado que alguien niegue que la polución y la emisión de gas carbónico es negativa y está directamente relacionada a las necesidades de la sociedad de consumo de hoy. O que el cigarrillo hace daño.
Hay una campaña en EUA que dice que los mismos que en su momento minimizaron el daño que causa el cigarrillo, o dijeron que el DDT no era tóxico hoy son los que minimizar el efecto acumulativo de los químicos en el organismo.

¿Orgánico o Agroecológico?

En Europa y EUA resuena más el término “agricultura orgánica” más que agroecología. Ambos conceptos apuntan a lo mismo, aunque la agricultura orgánica se enfoca más en el producto final y no tanto en el proceso. La agroecología es más integral. Un monocultivo de banano que usa métodos biológicos y no químicos es orgánico pero no es agroecológico. La agroecología observa no sólo que el producto final sea puro, sino que el entorno donde se cultiva sea lo más natural posible.
Lo interesante es que se ha demostrado para quien es menor rentable la agroecología es únicamente para el inversor, porque parte del ahorro se produce a costa de eliminación de mano de obra. La agroecología es más social que la agricultura orgánica, y en Lationamérica es donde más ha progresado el concepto. Todos los países de nuestra región tienen entusiastas asociaciones nacionales que impulsan la transición hacia un modelo agroecológico. Esto hace que América Latina esté tomando el liderazgo mundial en la transformación del crecimiento de una frontera agrícola en armonía con la naturaleza y el planeta.

En Ecuador

La constitución del 2008 establece como objetivo nacional prioritario el establecimiento de la Soberanía alimentaria. Este concepto significa que las semillas y los medios de producción deben permanecer en manos de los campesinos, no de los grandes grupos económicos. Favorece el establecimiento de canales de distribución directos y basados en una economía social y solidaria, y fomenta el consumo de alimentos naturales, no procesados.
Estos principios podrían sonar obvios en el sentido de que resulta imposible que alguien pudiera no estar de acuerdo en que comer sano es mejor, pero volvemos al cerco mediático que existe en el mundo a favor de la vigencia de los alimentos procesados y el deslumbre que todavía existe ante las grandes industrias y los procesos automatizados.
El mandato constitucional indica que se debía de formar una comisión para supervisar que en efecto se dé una transición hacia la Soberanía alimentaria, y esta es la COPISA, que está en realidad dividida porque –lamentablemente– la mayoria de sus miembros no tiene un verdadero compromiso con la soberanía alimentaria. Sin embargo, otros miembros han organizado comisiones ampliadas de consumidores y ese es el caso de la Comisión ampliada de consumo responsable, a la que pertencemos como el Manso.

En Guayaquil

Junto a la Federación de centros agrícolas y organizaciones campesinas del Litoral, estamos ayudando a conformar el capítulo Guayaquil de la Comisión de consumo responsable de la COPISA. Este grupo de trabajo se propone estrechar un puente entre los productores agroecológicos del Ecuador –que no son pocos– y el consumidor guayaquileño, cada vez mejor informado (Facebook hace milagros) y consciente de la necesidad de empoderarse y defender su derecho a la buena alimentación, su propia soberanía alimentaria.